Realizaron una misa de reflexión y encuentro espiritual en la Unidad 50 de Batán

En el marco de las actividades religiosas y de acompañamiento espiritual que se desarrollan en contextos de encierro, la Unidad 50 de Batán llevó adelante una misa en conmemoración de Nuestra Señora de Luján, patrona de la República Argentina.

La ceremonia fue presidida por el capellán de la unidad, padre Daniel Climente, y contó con la participación de autoridades penitenciarias, entre ellas las subjefas de Asistencia y Tratamiento, la coordinadora de Culto, Valentina González, la coordinadora de Formación Laboral, Natalia Ávila, además de personal del establecimiento.

De la celebración participaron mujeres privadas de libertad de los cuatro pabellones y del Régimen Abierto, quienes compartieron una jornada de oración, reflexión y encuentro espiritual en una fecha de profundo significado para la comunidad católica.

Durante el encuentro se destacó la figura de la Virgen de Luján como símbolo de fe, esperanza y acompañamiento en momentos difíciles. Para muchas de las asistentes, la advocación mariana representa una presencia de contención y fortaleza frente a las adversidades, además de un vínculo con las tradiciones y la identidad cultural argentina.

La actividad también permitió recordar la importancia histórica de Nuestra Señora de Luján, cuya devoción se remonta al siglo XVII y que, con el paso del tiempo, se consolidó como uno de los principales símbolos religiosos del país, convocando cada año a miles de fieles en peregrinaciones y celebraciones a lo largo del territorio nacional.

Desde la jefatura de la Unidad 50, encabezada por el director Gerardo Dumerauf, destacaron el valor de estas iniciativas dentro del proceso de acompañamiento integral de las personas privadas de libertad. En ese sentido, señalaron que este tipo de espacios favorecen la contención emocional, el fortalecimiento de valores como la solidaridad y el respeto, y promueven instancias de reflexión personal y crecimiento espiritual.

La celebración se desarrolló en un clima de recogimiento y participación, reafirmando la importancia de las prácticas religiosas como herramientas de acompañamiento y esperanza para quienes transitan su proceso de reinserción social.

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