En una nueva conmemoración del 24 de marzo, a medio siglo del golpe de Estado de 1976, la memoria colectiva vuelve a poner en primer plano uno de los períodos más oscuros de la historia argentina. Aquella irrupción de las Fuerzas Armadas en el poder marcó un antes y un después, dejando una huella profunda atravesada por el dolor, la violencia y la vulneración sistemática de derechos.
Han pasado 50 años desde ese quiebre institucional, pero los recuerdos siguen vigentes, especialmente en quienes atravesaron su infancia o adolescencia durante esos años. Para muchos, fue un tiempo en el que la vida comenzaba a desplegarse con expectativas y proyectos, abruptamente interrumpidos por el miedo, la incertidumbre y la represión.
El paso del tiempo no borra lo ocurrido. Por el contrario, refuerza la necesidad de sostener el compromiso con la memoria, la verdad y la justicia. El “Nunca Más” no solo se presenta como una consigna histórica, sino como un principio que debe mantenerse activo y vigente en la sociedad.
En este contexto, también surge la importancia de dimensionar el verdadero significado de los derechos humanos. Su mención no puede vaciarse de contenido ni utilizarse de manera superficial: remite a luchas concretas, a historias de pérdidas y a la necesidad de garantizar que hechos de esta magnitud no vuelvan a repetirse.
A cinco décadas del golpe, el desafío sigue siendo el mismo: preservar la memoria colectiva y fortalecer el respeto por los derechos fundamentales como base de la vida democrática.