Su salud se había deteriorado en las últimas semanas.
Fue el primer jesuita y sacerdote latinoamericano en alcanzar la máxima prelatura del catolicismo. Asumió la conducción de la Santa Sede con la misión de corregir el rumbo de la cristiandad. Falleció un día después de Semana Santa.
Su vida, marcada por la humildad, el compromiso con los más necesitados y una vocación religiosa temprana, se forjó entre las calles porteñas, las enseñanzas y la doctrina de los jesuitas y los turbulentos años de la historia argentina.