Los 133 cardenales electores ya están en la línea de largada para celebrar el Cónclave que elegirá al sucesor de Francisco en la Capilla Sixtina del Vaticano. Este lunes tuvo lugar el juramento de secreto absoluto de los oficiales y asistentes al Cónclave en la Capilla Paulina, entre los que se encuentran los médicos disponibles para eventuales emergencias; los ascensoristas del Palacio Apostólico; el personal encargado de la cantina y de los servicios de limpieza; el personal de transporte de los electores o el coronel y el mayor de la Guardia Suiza Pontificia destinados a la vigilancia cerca de la Capilla Sixtina. Este martes por la mañana se realizó la última Congregación General antes de que los electores se junten para la elección del nuevo Obispo de Roma.
Este miércoles a las 10.00 horas se concelebrará la solemne Misa ‘pro eligendo Pontifice’, celebración Eucarística presidida por el Decano del Colegio Cardenalicio, quien invitará a sus hermanos a dirigirse por la tarde a la Capilla Sixtina con estas palabras: «Toda la Iglesia, unida a nosotros en la oración, invoca constantemente la gracia del Espíritu Santo, para que sea elegido por nosotros un digno Pastor de todo el rebaño de Cristo«.
A las 16.30 horas, los cardenales se reunirán en la Capilla Paulina para rezar antes de dirigirse a la Capilla Sixtina, en cuyo interior cantarán el himno ‘Veni, Creator Spiritus’ y prestarán juramento. Esta estancia está acondicionada con bancos para el recuento de votos y un horno donde se quemarán las papeletas. Para elegir al Papa será necesaria una mayoría cualificada de dos tercios, es decir, 89 votos.
Las votaciones tendrán lugar todos los días: dos por la mañana y dos por la tarde. En el caso de que los cardenales electores tengan dificultades para ponerse de acuerdo sobre la persona elegida, después de tres días sin resultado, las votaciones se suspenderán durante un máximo de un día, para una pausa y posterior votación.
Si después de siete votaciones, la elección no ha tenido lugar, se celebrará otra pausa y se realizará otra serie de siete votaciones. En caso de que no se produzca la elección, habrá una nueva pausa y se reanudará la votación, con un máximo de siete papeletas. Si de nuevo no hay elección, se reservará un día para la oración, la reflexión y el diálogo, y en la siguiente votación se deberá elegir entre los dos nombres que hayan recibido más votos en la votación anterior.
En el caso de que se llegue a esta votación, también se necesita una mayoría cualificada de al menos dos tercios de los cardenales presentes y votantes, aunque en estas votaciones no pueden votar los dos cardenales sobre los que se requiere una votación.
Tras comprobar las votaciones, los votos se queman en una estufa de hierro fundido, usada por primera vez durante el Cónclave de 1939, mientras que en una segunda estufa, de 2005, conectada, se utilizan los productos químicos que deben dar el color negro, en caso de no elección, y el color blanco, en caso de elección. La chimenea que dará a conocer al mundo la decisión de los cardenales fue instalada el pasado 2 de mayo y de ellas saldrá la fumata negra o la fumata blanca: ‘Habemus Papam‘.